Casi todos los coches fabricados en el siglo XXI incorporan un sistema antirrobo o sistema inmovilizador electrónico. Este sistema fue introducido por primera vez en 1919 pero más bien como sistema de alarma, pero al desarrollarse este proyecto en Alemania y Reino Unido a finales del siglo XX surgieron sistemas más sofisticados llegando incluso a la obligatoriedad de ser instalado en todos los vehículos nuevos en estos dos países.
En palabras sencillas, el sistema de inmovilización funciona según el principio de que el vehículo no podrá arrancarse que todos los bloqueos de la ECU estén desbloqueados, ¿y cómo se consigue esto? pues el coche arrancará si la llave con la que se está haciendo dicho arranque es la que tiene almacenada en su software. Cada fabricante de coches tiene su propio programa con su propio sistema de inmovilización.
El funcionamiento es el siguiente: al girar la llave en el contacto envía una señal electrónica mediante un “transponder” que se encuentra dentro de la llave. Cuando el dispositivo que recibe esta señal (el tablero, el ordenador de a bordo o una centralita) la reconoce, el coche arranca.
En caso de que esta señal no sea interpretada correctamente, el coche puede no arrancará, o en caso de hacerlo, se apagará después de un corto espacio de tiempo.